Las mujeres migrantes rechazan la esclavitud moderna, la explotación económica, la misoginia.

Declaración de la Alianza Internacional de Migrantes en el Día Internacional de la Mujer

El mundo no está mejor diez años después de la crisis económica mundial de 2008. A pesar de emplear varias medidas paliativas en las economías de mercado, el crecimiento global después de 2008 se mantiene anémico, con Estados Unidos, la mayor economía del mundo, creciendo por debajo del 3%. El sombrío crecimiento de muchas economías capitalistas se acompaña de una creciente deuda pública y privada. El Instituto de Finanzas Internacionales estimó que en el primer trimestre de 2018, la deuda global alcanzó los USD 247 billones o más de 3 veces el valor del PIB mundial proyectado para 2019.

En muchos países del Sur global, emisores de migrantes, el capitalismo neoliberal está destruyendo millones de vidas. El acaparamiento de tierras y la desposesión de activos son desenfrenados, y esto se combina con políticas laborales de competitividad extrema, que obligan a las personas y mujeres a emigrar. La migración forzada, según la Organización Internacional de Migraciones (OIM), es “un movimiento migratorio en el que existe un elemento de coerción, incluidas las amenazas a la vida y los medios de subsistencia, ya sea por causas naturales o provocadas por el hombre”, y esta es la realidad que enfrentan millones de migrantes.

Las trabajadoras migrantes siguen siendo tratadas como mercancías, sin derechos y sufren condiciones de esclavitud. Las trabajadoras domésticas migrantes, las trabajadoras agrícolas, las trabajadoras informales, reciben los salarios más bajos; en muchos países están exceptuadas de las leyes laborales y permanecen vulnerables a la violencia física y sexual. El Convenio 189 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que establece un trabajo decente para las trabajadoras domésticas, solo puede ser exigible y aplicable si una mayoría de países lo ratifican, como lo han hecho los principales países emisores de trabajadores migrantes, mientras que los gobiernos de los países receptores siguen sin estar convencidos de la necesidad de dicho convenio. La atención de muchos gobiernos está centrada en las ganancias y no en las personas, no en  los migrantes.

A medida que la crisis económica golpea a los trabajadores, se culpa a los migrantes por “robar” empleos a la población local. En Europa, los conservadores culpan a los migrantes y refugiados por “exportar” la pobreza al interior de las fronteras de los países ricos. En los Estados Unidos, bajo el liderazgo de Donald Trump, las familias de los migrantes están siendo separadas, las madres y los padres de sus hijos, bajo el disfraz de controlar la migración irregular. La xenofobia y el racismo están en aumento y los migrantes y los refugiados son los que más sufren.

Las mujeres migrantes soportan los mayores abusos, la mayor opresión. Las mujeres migrantes continúan siendo objeto de tráfico y de trata, maltratadas y explotadas. Escuchamos todos los días el sufrimiento de nuestras hermanas en todo el mundo. A pesar de los casos de alta repercusión pública como el de Erwiana en Hong Kong o Mary Jane en Indonesia, o el sufrimiento colectivo de hermanos y hermanas de Siria y Rohingya en Myanmar, día tras día, seguimos sufriendo. Mientras decimos esto, nuestras hermanas en el éxodo migratorio de América Central continúan sufriendo tanto el abandono de sus respectivos gobiernos como la violencia que sufren en la frontera de Estados Unidos y México.

El 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres Trabajadoras, debemos, como mujeres migrantes, rechazar la explotación y el abuso. El 8 de marzo, debemos unirnos con otras personas trabajadoras y, juntas, rechazar el ataque del capitalismo neoliberal a nuestro sustento y bienestar.

Que nuestras victorias en el pasado, tanto grandes como pequeñas, sean la primavera, la fuente de nuestra fortaleza, para que podamos continuar la lucha. Lucharemos contra la esclavitud, la misoginia, el racismo y la xenofobia, y el neoliberalismo. Construiremos solidaridad entre los géneros, en todas las naciones y fortaleceremos el movimiento de la clase trabajadora construyendo un mundo mejor para todos los trabajadores.

Eni Lestari

Presidenta de IMA 

Migrant women push back against modern slavery, economic exploitation, misogyny

Statement of the International Migrants Alliance on the 2019 International Working Women’s Day

8 March 2019

The world is no better ten years after the global economic crisis of 2008. Despite employing various tricks under market economics, global growth after the 2008 remains muted, with the United States, the biggest economy in the world, displaying less than 3% economic growth. The dismal growth of many capitalist economies is coupled with ballooning public and private debt. The Institute of International Finance estimated that in the first quarter of 2018, the global debt has reached USD 247 trillion or more than 3 times that of projected global GDP for 2019.

In many migrant-sending countries in the South, Neoliberal economic doctrine is destroying millions of lives. Land-grabbing and dispossession of assets are rampant, and this is coupled with race-to-the-bottom labor policies, forcing people and women to migrate. Forced migration, according to International Organization on Migration (IOM), is “a migratory movement in which an element of coercion exists, including threats to life and livelihood, whether arising from natural or man-made causes” and this is reality is faced by millions if migrants.

Women migrant workers continue to be treated like commodities without rights and suffer slave-like conditions. Migrant domestic workers, farm workers, workers without status receive the lowest wages in many countries, are exempted from labor laws, and remain vulnerable to physical and sexual violence. The International Labour Organization (ILO) Convention 189, which calls for decent work for domestic workers, can only go so far with majority of the countries ratifying it as mainly sources of migrant workers, while governments of receiving countries remain unconvinced on the necessity of the said convention. The attention of many governments is skewed towards profits and not on people, on migrants.

As the economic crunch bites for the working people, migrant will be blamed for “stealing” jobs from the local people. In Europe, the conservatives blame the migrants and refugees for “exporting” poverty to the boundaries of the rich countries. In the US under the leadership of Donald Trump, families of migrants are being separated, mothers and fathers from their children, under the guise of controlling illegal migration. Xenophobia and racism is on the rise and migrants and refugees are the ones to bear the brunt.

Women migrants bear the biggest burden. Women migrants continue to be trafficked, abused and exploited. We hear everyday of suffering from our sisters across the globe. Despite high profile cases like that of Erwiana Sulistyaningsih in Hong Kong or Mary Jane Veloso in Indonesia, or collective suffering of brothers and sisters from Syria and the Rohingya in Myanmar, day in and day out, we continue to suffer. As we say this, our sisters in the Central American Migrant Exodus continue to suffer from both the abandonment of their respective governments and violence they suffer at the US-Mexico border.

On March 8, International Working Women’s Day, we must as migrant women push back against exploitation and abuse. On March 8, we must unite with other working people and together, push back against neoliberal attacks on our livelihood and wellbeing.

Let our victories in the past, both big and small, be the spring, the source of our strength, for us to continue the fight. We will fight slavery, misogyny, racism and xenophobia, and neoliberalism. We will build solidarity across genders, across nations and strengthen the working-class movement building a better world for all working people.

Reference: Eni Lestari, IMA Chairperson